El edificio de la ópera de Sidney fue construido en 1973, siguiendo una estructura orgánica en forma de «velas» con azulejos blancos, por el danés Jorn Utzon quien jamás había estado en Sydney.

Este singular edificio ha abierto camino a muchas obras posteriores, sobre todo de Frank Gehry, y es Patrimonio de la Humanidad.

Se apoya sobre 580 pilares hundidos hasta 25 metros bajo el nivel del mar. Es una construcción expresionista con un diseño de grandes conchas prefabricadas, cada una tomada de la semiesfera que forman los tejados de la estructura. Las «cáscaras» son paneles prefabricados de hormigón que se apoyan en costillas prefabricadas de hormigón y están recubiertas por más de 1 millón de azulejos de color blanco brillante y crema mate formando un patrón en V invertida. Están diseñados para que se limpien solos,  para mantener la unidad se reutilizan y reparan los mismos azulejos.

Los dos grupos mayores de bóvedas corresponden al Concert Hall y Opera Theater, hay otros grupos de bóvedas más pequeños, los espacios más bajos de la entrada se elevan sobre la zona de asientos hasta llegar a las torres de escena. El interior del edificio es de granito rosa, madera y contrachapado. En total comprende unos 800 ambientes diferentes o salas.

Historia


La idea de construir un edificio para la Ópera de Sydney surgió en la década de los 40 del siglo XX y, desde el principio, el espacio elegido fue Bennelong Point sobre la bahía.

En este terreno estaba el Fuerte Macquarie, levantado en 1821, que se había convertido en un depósito de tranvías;  para poder ocupar su espacio tuvo que ser demolido en 1958. El proyecto se sacó a concurso en 1955 y en él se presentaban fundamentalmente bocetos, se recibieron 233 proyectos de 32 países.

Una vez elegido el proyecto de Jorn Utzon, los trabajos se realizaron en 3 etapas (10.000 obreros trabajaron para completar el edificio) y desde el principio surgieron muchos problemas debido a un inicio prematuro de las obras, debido a la presión de los poderes públicos: los bocetos y planos ganadores del concurso estaban sin terminar de diseñar y, al rehacerlos, los costes se disparaban, por otra parte la documentación no estaba preparada, ni las resistencias calculadas, siendo menores de las finalmente necesarias.

La forma de las bóvedas estaba sin definir y se tuvieron que hacer estas más económicas, evitando el carísimo encofrado, para lograrlo se utilizaron hasta 12 formas diferentes de construcción.

Sobre este trabajo de diseño se aplicaron computadoras casi por primera vez en el análisis estructural, al final para su creación se decidió considerar las bóvedas como secciones de una esfera  (la superficie curva tridimensional más sencilla), la forma geométrica más simple, pues el grado de curvatura es igual en todos los puntos, y así se hizo bajo la forma de unidades prefabricadas. Se utilizó igualmente un innovador sistema de sujeción de acero (arco de construcción), para la forma de la estructura de las vigas se usó un sistema en abanico, siendo su trazado los meridianos de la esfera. Con la fabricación en el mismo lugar de la obra, la construcción se simplificó considerablemente porque los moldes para la prefabricación se reutilizaban.

Otros problemas surgieron al realizar el interior, pues no estaba bien calculada la acústica, el número de asientos… se produjeron cambios en el revestimiento y pavimento del podio abierto al mar, las cristaleras, el uso de las salas (se agregaron dos teatros más), el diseño del interior…

Al final el proyecto costó 102 millones de dólares, con un sobrecoste estimado del 1.400%. Después de muchos conflictos entre el arquitecto y el estado, Jorn Utzon abandonó el proyecto en 1966.

La Ópera de Sydney, que vigila la entrada de la bahía de la ciudad, es una de las obras arquitectónicas más señaladas del siglo XX.

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